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Yo, una princesa. Mi Reino, Navarra.

Un día un amigo me dijo que yo era una princesa. Cada vez que veo este video de mi tierra, el Reyno de Navarra, sí, me siento como una princesa y muchas veces me pregunto qué hago aquí. Ah, sí, ya me acuerdo. Quiero explorar el mundo, pero echo mucho de menos mi tierra donde los bosques tienen vida, las hadas y nuestra Diosa Mari, (Madre Tierra), el Baxajaun o Señor de los Bosques, herencia de las invasiones celtas, Druidas en otros países, protegían nuestras cosechas y ganados murmurando entre los árboles huecos. Amo mi tierra donde la niebla cubre los picos de las montañas escudriñándose entre los bosques de pinos, robles y hayas. Las mismas brumas que permitieron a las Entidades Invisibles hacer lo que quisieron hasta que el Imperio Romano vino y fundó Pompaelo 75 a.c., los vasconavarros lucharon contra los Visigodos, y núcleos cristianos hicieron su aparición diseminados para combatir la presencia musulmana. Carlomagno vendría más tarde, y finalmente el Reyno de Navarra se cristianizó durante el siglo X borrando algunas de nuestras tradiciones y empujando a la Gente Menuda hacia las nieblas…

Navarra: Tierra de Reyes. Castillos medievales revisten nuestras montañas, prados y valles. Fortalezas alrededor de ciudades y pueblos les protegen de antiguas batallas. Ruinas romanas permanecen como un espejismo de nuestro pasado, como una huella en nuestra historia cargada de combates. Las tradiciones vascas perduran en nuestros pueblos, gente y montañas como reminiscencia de quiénes somos y de dónde venimos. Conventos y monasterios prevalecen intactos durante el paso del tiempo con sus monjes y monjas orando, leyendo, escribiendo y custodiando libros antiguos mientras elaboran enérgicos licores y repostería fina y exquisita.

Robustos robles ocultan leyendas y ancianos secretos, los círculos de setas hacen su aparición en otoño cuando el equinoccio marca el comienzo de una bonita estación en la que nuestros montes se tiñen de oro, naranja y escarlata, el aire se enfría, los animales almacenan comida y el bosque entero se prepara para el crudo invierno. Es tiempo de vendimia: nuestras uvas rebosantes están listas para producir vinos excelentes y la ciudad medieval de Olite resplandece con todo su esplendor. Los días se hacen más cortos, y las noches largas y frías se apoderan de la luz paulatinamente y en silencio marcando su presencia implacable. Los rayos de Sol se debilitan palideciendo mientras que la oscuridad avanza y gana terreno. La niebla relumbra en el crepúsculo haciendo contraste con las montañas oscuras, y silenciosos copos de nieve comienzan a tapar las estrellas titilantes. Pero a veces, en las noches más frías y límpidas el arquero destella con más esplendor que nunca en el oscuro firmamento cubierto de resplandecientes estrellas plateadas recordándonos que todavía es invierno. El aire está helado, fresco y lleno de minúsculos cristales de hielo que chispean en la oscuridad como diamantes diminutos. El viento aúlla durante la noche y los pastores amedrentados en sus casas lo confunden con manadas de lobos hambrientos que amenazan con devorar su ganado indefenso.

Pero la primavera siempre vuelve con sus flores coloridas y frescas mañanas. Las verdes hojas se engalanan cada amanecer con el rocío matutino. Ovejas, caballos, cabras y vacas pastan plácidamente en las húmedas y verdes praderas, los árboles están vivos, y cereales como el trigo, y hortalizas como el espárrago están listos para su recogida.

Navarra celebra el solsticio con fuegos vigorosos que invaden la noche más corta del año con sus chispas rojas, amarillas y naranjas que vuelan hacia las estrellas centelleantes mientras que las brujas de Zugarramurdi bailan dentro de sus amadas cuevas el notorio Aquelarre. Quemamos lo viejo y usado y damos la bienvenida a lo nuevo. Truenos y relámpagos irrumpen con frecuencia las noches calurosas veraniegas trayéndonos aire fresco y puro. Las melodías de los txistus, flautas, tambores y gaitas se mezclan con el viento recorriendo los pueblos, los nativos están de fiesta felices esperando la mayor de todas las fiestas: Los Sanfermines de Pamplona.

Pronto volaré para ver mi familia y amigos. Juntos nos reiremos, divertiremos, disfrutaremos de las mejores comidas y vinos en restaurantes increíbles,  exploraremos, y viviremos uno de los mejores sentimientos del mundo; cuando el ser Navarro se resume en un increíble sentimiento de orgullo, felicidad, amor, y alegría con mi gente, mi sangre y la autenticidad que nos caracteriza, fuertes, genuinos, espontáneos y reales, todas estas emociones resumidas en un momento especial y único esperado todo un año para ser vivido una y otra vez: el Txupinazo, en los Sanfermines de Pamplona. Sí, soy una princesa y el reino al que pertenezco: mi mágico y único el Reyno de Navarra.

Me? Just a princess, my kingdom: Navarra

Urban Orcs

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