Urban Orcs

Monday 9;30 AM, May 2011 San Juan, Puerto Rico. I wake up at 7:30 Am; nobody called me to go surfing so I guess it is windy by now. While the coffee is poured and its aroma invades my apartment, I turn on the computer to see what my girls are doing back in Pamplona, Madrid and Marbella. Very happy I leave one hour and half later. It is the first time in a long time I crash the streets instead of being in the water. I am listening 104.3 The Buzz playing at full blast and content with my life. Suddenly I stop for a few of seconds into the entrance of a street with a guard and a fence, (after The Minillas Tunnel there is an unknown world, where I get lost very often, to be avoid unless you are going to the West Side), and interfering with the last single of Depeche Mode I hear somebody’s claxon. When I turn my head instead a human I see an orc screaming and gesticulating menacingly from his car, not realizing that, that, fortunately, I can’t hear his screams guttural and unintelligible. The orc drove like crazy, thus increasing his risk of cancer, while I was happy and immune of his reaction. There are many orcs around the world.  They move fast, scream, insult, moody, swear, grumpy, and even push you down the street! In my beloved Shire are the ones they push you like a Miura when you are walking on the streets, the lady who walks with the umbrella under the cornices and with the excuse that it rains the umbrella is a shield and if you don’t pay attention you can end one-eyed. Some of them stare at you with hate due the dress you are wearing, the ones who don’t have any patience in the line of the restrooms, the one who insults a whole group of friends because they are well dressed with the overrated insult: pijossss!!! accompanied by envy, or the ones who go crazy because an innocent night conversation in a bar where alcohol plays an important role inside their brains, reducing their intelligence, usually ends leading into fights or threats of fights.

 

These orcs are pretty easy to avoid, just simply ignore them until you can’t anymore and they wake up the dragon you have inside, so they end smashed in a wall or taken out of the bar in a matter of seconds.

Here in Puerto Rico, we have the orcs who drive wearing a signal on their foreheads: Me first, fuck the rest, those on the beach throwing cigarettes and beer cans, to drive next to a truck it is a real odyssey because I fear that at any time I’m going to get buried in the middle of the highway and the ambulance will never arrive because here nobody respects an emergency ambulance, and to leave the left lane free it is an Utopia.

But the orcs with weapons are the ones who I fear the most, they can materialize anywhere at anytime, so you have to be en guard all the time and avoid bumping into these things because they have no brain and an encounter with them can be lethal.

After many years watching all kinds of orcs in different countries, have fallen in urban rage for a few, I realized I had to change the chip, and although there are too many troglodytes, remain a gentleman or a lady, only you can make the difference.

Los orcos urbanos

Lunes 9;30 AM, San Juan, Puerto Rico.

Me despierto a las 7:30 AM, no ha habido llamada para surfear así que supongo que hay viento a estas horas. Mientras se cuela el café aromatizando la casa, enciendo mi ordenador para ver qué hacen mis nenas allá en Pamplona, Madrid y Marbella.

Muy contenta salgo una hora y media más tarde. Es la primera vez en mucho tiempo que me lanzo a la calle a estas horas, en lugar de estar en el agua. Pero voy con el 104.3 The Buzz sonando a todo trapo y feliz de la vida.

De repente me detengo durante unos segundos en la entrada de una calle con guardia y verja, (después del Túnel de Minillas hay otro mundo desconocido, en el que suelo perderme con frecuencia, que hay que evitar siempre a menos que uno vaya al Oeste), y entremezclados con la última canción de Depeche Mode escucho unos bocinazos. Al darme la vuelta compruebo que en lugar de una persona hay un orco gritando y gesticulando amenazadoramente desde su auto, sin percatarse de que, por suerte, no puedo escuchar sus gritos guturales e ininteligibles.

El orco se fue conduciendo como loco, aumentando así el riesgo de cáncer en su organismo, mientras que yo seguía contenta sin inmutarme de su reacción.

Hay muchos orcos por el mundo: Andan acelerados, malhumorados, buscan joder al prójimo, protestan, insultan, gritan, atropellan e incluso ¡te empujan por la calle!

En mi querida Comarca están los que te empujan en plan Miura cuando estás paseando o mirando un escaparate como si no existieras, las señoras que caminan con los paraguas debajo de las cornisas y con la excusa de que llueve el paraguas va a modo de escudo así que allá tú si te quedas tuerta. Están las que te miran mal en un bar porque estás bien vestida, el que te empuja por llevar un vestido de diseñador, las que se enfadan en la cola del baño, la que insulta a todo un grupo de gente normal con el estúpido adjetivo de ¡pijosss! acompañado de envidia tiñosa, o el que se vuelve loco debido a una inocente conversación nocturna en un bar donde el alcohol juega un papel importante en su cerebro disminuyendo su inteligencia, derivando así en peleas o amagos de peleas. Estos orcos son fáciles de evitar, simplemente hay que ignorarlos hasta llegado el punto de que despierten al dragón que uno lleva dentro y pueden resultar estampados contra la pared de un empujón, o son sacados fuera del bar en volandas. Se arregla en cuestión de segundos.

Aquí en Puerto Rico los orcos que van conduciendo llevan un cartel en su frente que dice “que se joda, yo primero”, o simplemente, no existimos los demás, los de la playa tiran colillas de cigarrillos y latas de cerveza, conducir al lado o delante de un camión es un verdadero estrés ya que temo que en cualquier momento el camión me vaya a sepultar en la autopista, y la ambulancia nunca llegará a tiempo porque aquí nadie se aparta cuando hay una ambulancia en emergencia. Lo de dejar el carril izquierdo libre es una especie de Utopía.  Pero los orcos con pistola son los que más miedo dan, pueden aparecer en cualquier lado y a cualquier hora, de manera que hay que estar alerta y evitar encontronazos con estos seres porque no tienen cerebro y el encuentro puede ser fatal.

Así que después de muchos años viendo todo tipo de orcos en distintos países, y haber caído en la furia  urbana durante unos cuantos, hay que cambiar el chip, estar por encima de las tonterías diarias, y, aunque haya mucho troglodita, seguir siendo un caballero o una dama. Uno mismo hace la diferencia.